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Ha pasado un año desde que tomé la decisión. La decisión de convertirme en tutor, padre, guía y maestro.

A los 22 años mi vida se convirtió en una especie de programa de televisión, los ojos se enfocaron en mí, recibí críticas, consejos, palabras de ánimo y sobretodo miradas de ingenuidad. Un año ha pasado las críticas siguen, los consejos siguen, las palabras de ánimo siguen y las miradas de ingenuidad… siguen ahí.

A los 16 años conocí a dos pequeños, 10 y 12 años tenían, vivían en un albergue para niños abandonados. Realizaba mi servicio social y pensaba las maravillas de estudiar negocios, ser millonario y largarme a un país menos jodido.

Ingenuo o no, después de conocerlos poco o nada de ese antiguo yo queda vivo.

Hoy a los 23 me he convertido en tutor, padre, hermano mayor, amigo y maestro de aquellos pequeños que alguna vez conocí.

Ahora son jóvenes adolescentes, 15 y 17 años. Por causas de la vida nos volvimos a encontrar, después de casi 5 años de estar apartados, ahora no sólo nos vemos unas horas al día, ahora estoy a cargo de ellos, acepté sacarlos adelante. Lo hago por ellos y lo hago por mí.

Sólo tengo 23 años y me dicen parezco de 30. Me ha tomado tiempo tomar la iniciativa de escribir sobre esto, mas es justo para mí echarme porras cotidianas, para no perder el camino y no olvidar que esto ha sido mi elección y no he vivido mejores glorias, logros y alegrías que verlos aprender y crecer.

Esta es la historia.

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